22 Cuentos...

22, son los cuentos que he publicado hasta el momento.

Todos han sido escritos con amor y cariño.

Todos, en un tiempo limitado.

Ya tarde o temprano he logrado mantenerme a razón de 1 por semana.

Sin fallar ni una sola vez.

Y muchas veces, con muchos quehaceres de por medio.

Reconozco sin embargo, que las ilustraciones no son mi mejor obra.

Pero, también fueran hechas con, al menos, algo de cariño.

Creo, que no lo he divulgado lo suficiente.

Porque primeramente, lo pase a conocidos.

Apenas una docena de personas.

Todas ellas, de confianza.

Para saber su opinión.

Para entretenerlos.

Para tener un público en quien confiar.

Pero creo, que mi público no me sigue.

Dado que, no recibí NINGÚN COMENTARIO.

Ni uno.

En 22 cuentos…

Así pues.

El proyecto queda parado hasta nuevo aviso.

Mis más sinceras disculpas para mis lectores asiduos.

(Si los hubiere)

Hasta la próxima.

-Mr. Z, El Cuentacuentos-

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Sabia tontería

Advertencia:

El cuento de esta semana puede herir la sensibilidad de gente culta, sabia, o de individuos (seguramente algo tocapelotas) a los cuales les sangran las retinas si están enfrente de faltas ortográficas, sean de la gravedad que sean. Advertidos quedan.

¡Lea bajo su responsabilidad!

Había (creo) una vez (digo yo).

Un tío mu raro.

Malo no, pero raro si.

Feo no, pero raro si.

Hay ande lo ves, mu colega mio.

Y era… es…

Era así como…

Como que mu tonto.

Pero eso si ¡eso si eh!

Muy pero que mu majo.

Y era una tontería mu peligrosa la suya.

Pos se contagiaba con facilidad.

Pero, aunque el no lo hiciera adrede.

A más gente el se lo pasaba.

Más listuco el se hacía.

Y creo que la sensación le gustaba.

Pos no paraba de pasarlo a todo quisqui.

Pero muchos aún habrían de tener que contagiarse aun.

Para hacer de él, un señor muy mucho listo.

Fíjate, que lo invite a té con pastas hace ná.

Y contagió a 10 vecinos, antes de dar con la casa que buscaba.

Pos contagiaba, a la gente a la que hablaba.

Por suerte, no habla mucho a la par que toma té.

Por lo que, no me vi en demasía afectado.

Por tal insufrible enfermedad de atontamiento.

Pero, los síntomas van a peor, poco a poco.

Lentucamente pero sin pausa.

Lu siento mu adentro de mi.

Las palabras se escabullen.

Mesolvidan.

Y si ves la tele ¡huy!
Pobre de ti.

Iras a peor asin.

Leer libros de cosas mu difisiles hace de ligero antídoto.

Cuatro libros de leyes leídos llevo ya.

No quiero saber como estaría sino.

Espera… creo que estoy…

Estoy teniendo una… una…

Una recaíííííídaaaa meoyesmoza tuhaibalapues!!

Y de las biengordas!!

(4 horas de álgebra-cuántica-aeronáutica-avanzada después…)

Sigamos con la cosa.

Que es que, aun con antídoto.

Uno no se cura del todo.

Se queda entre allá y acá.

Ni mucho listo.

Ni el más tontuco.

Y… Fin.

Espera, que esto no va aquí joer.

Mesacolau.

Weno, pues, resulta que, nuestro paisano, llego a un nivel de listucidad así como decente, y valiéndose de ello hizo dos carreras simultaneas.

(¡De las fáciles eh!, teleco y medicina, le atraían las Bellas artes, pero su inteligentismo no venía con talento, lo que la hacía demasiado fidicil… ¡difícil!)

Ahora que era más molón y graduado diose cuenta.

Que su don le era perfesto para tener pareja.

Y a su vez mu peligroso si ya se la escogía guapa pero poco…

Poco “audaz”.

(aunque irónicamente,

en este nuevo estado  eran felices con cualquier cosa)

Weno la cosa es que, de hay en adelante, fue ascendiendo poco a poco.

Ganó un par de premios de literatura.

Algunos de poca monta como actor.

(Lo normal, un Oscar y un Pulicher…¿qué? ¿qué se escribe cómo?)

Y claro, en las monsergas que daba a las multitudes en agradecimiento por los premios.

Contagiaba por doquier, que ni la gripe en invierno.

Ahora ganaba partidas de ajedrez a los Pro.

Hacía cálculos matemáticos extremos sin calculadora

Su ansia de conocimiento no tenía límite.

Y, cuando por fin logró el gran honor.

De dar el típico discurso delante de toda la ciudad, para dar comienzo a las fiestas.

Cuando iba a contagiar a todos los habitantes.

Dijo la primeras palabras:

-Queridos ciudadanos…

Y…

Se pasó de listo.

Literalmente.

Su cerebro sobrecargado, se reseteó.

Se cerró el bucle, y volvió al estado del comienzo.

Al supertontismo.

Y claro, delante de tanta gente, sin saber que decir.

Se quedó mudo.

¡Mudo para siempre!

¡Y tonto para siempre también!

Pero sus últimas palabras como iban con “hondas de choque bucleicas especiales”.

Curaron a todos los “tontunados” infectados que las escucharon.

(Menos mal que tengo la tradición de ir todos los años)

En cuanto a los que no pudieron escuchar aquellas sanadoras palabras…

Tampoco creo que fueran muy infelices, la verdad.

Ya sabes lo que se dice:

A veces, a menos matéria gris.

Más palos con caca de la alegría te encuentras.

Fun…

(Malditas secuelas…)

¡Fin!

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Escrupul-oso

Había una vez.

En mi mismo barrio.

Viviendo casi puerta con puerta.

Un oso.

Uno bien grande.

Uno que antes, era muy…

Emmmm…

Antes era un oso…

(Solo decir, que le llamaban Punki, el “oso Punki”.)

Digamos que, durante una época, no fue el más majo.

Ni el más generoso.

Ni el más amable.

Ni el más aseado.

(Me atracó usando su cresta, y mira que podía haber usado las garras,

que las tenía llenas de roña, y no se las cortaba nunca.)

En resumidas cuentas, no era para nada cortés.

O al menos, no como es ahora.

Porque cambió.

Aunque primero, lo hizo para peor.

(Pasaron a llamarle el oso “Yonki”, ya que se junto con gente…,

gente mu mala, con hábitos poco saludables a mi parecer.)

La cosa es que ahora tenía necesidades nuevas.

Las cuales requerían ganar más dinero.

Y en menos tiempo.

Y sin sudar ni gota.

No llegó a currar ni un solo día.

Diría que, ni siquiera lo intentó.

(Durante esa época si que me atracó con las garras,

más grandes y afiladas, y los ojos inyectados en sangre,

ciertamente fue mucho más efectivo que la primera vez.

La caquita de mis pantalones estaba MUY justificada.)

Pero un día, debió de conocer su límite.

Porque sus ojos, se abrieron como nunca.

(No creo que fuese el año que se pasó en la cárcel,

porque le pillaron pero bien, volvió muy delgado,

habían demolido su casa,

ingresado terminalmente a sus amigos,

y congelado sus cuentas bancarias,

pero insisto, para mi que todo aquello fueron minucias,

seguramente sería cualquier otra cosa.)

Y vio entonces, todo lo que había hecho con su vida.

Todo aquel mal a sí mismo, y a los demás.

(Sobretodo a mi, creo que me tenía un incomprensible odio,

especial, enfermizo, se ensañaba cosa mala,

y no creo que mi colonia con olor a salmón fresco tuviera la culpa.)

Un mal sin justificación aparente.

Y decidió enmendarse, dar un giro brusco.

Un cambio radical y sincero.

Empezó a ser bueno.

(Hasta conmigo, ahora que me había comprado el cepo…)

Dejó de arañar coches.

(Mi coche a medio pagar.)

Romper ventanas

(Mis ventanas, una cada semana.)

Merendar humanos y animales.

(Mi novia, mi perro, mi gato y mis dos cabras,

añoro a las pobres cabras…

eran las únicas de los cinco devorados

que hacían sus cositas en la caja,

y que no se comían mis zapatillas.)

Conoció a una moza humana, de muy buen ver.

Una a la que le gustaban los hombres peludos.

Cuanto más pelo, y más frondoso, mejor.

De otras cosas, ciertamente no sé.

Pero en cuestión de melenas, estaba muy bien dotado.

No sé cómo el destino los junto.

Ella cayó rendida a sus patas, el no la desprecio.

Y empezaron a salir.

(Como pa no… ¡¡¡vaya mujer!!!)

Al oso majo, todo le iba bien.

(Demasiado bien creo yo.)

Y un día se encontró un décimo de lotería.

¡¡Premiado con 100 millones!!

Y…

(Espera, espera… ¿que?

¿¿100 millones?? ¿y que más?

¡ Yo soy el narrador y me hizo la vida imposible!

¡¡no se merece ese final!!

Y no lo tendra…)

Conoció a una moza humana, de muy buen ver.

Una a la que le gustaban los hombres peludos.

Cuanto más pelo, y más frondoso, mejor.

De otras cosas, ciertamente no sé.

Pero en cuestión de melenas, estaba muy bien dotado.

No sé cómo el destino los junto.

Ella cayó rendida a sus patas, el no la desprecio.

Y empezaron a salir.

Al oso majo, todo le iba bien.

Y un día se encontró un décimo de lotería.

¡¡Premiado con 100 millones!!

Y…

Pero no duró mucho

Pues al final, comprendió.

Que era más feliz, estando infelizmente colocado.

Y volvió a ser el maleante que era.

Pues la cárcel, no fue suficiente.

No para hacer de él un ser mejor.

No tenía estudios, así que no logro ningún trabajo.

No tenía dinero para una casa, ni para comida..

No le quedo otra, que alimentarse de palomas y ratas de la calle.

Vivió en la calle como un indigente.

En una caja de cartón.

Bajo la lluvia, solo y triste.

Hasta el último de sus días.

Que fue más o menos tres semanas después.

(Y, para que no quede del todo cruel.

Una muerte digna.)

En un fallido atraco a un banco.

Emboscado y abatido por la policía.

Tras una trágica persecución.

Perseguido por coches de policía y helicópteros.

Mientras huía montado en una moto robada.

Cargado de explosivos y con una rehén.

La noticia tubo gran audiencia.

Y fue muy famoso.

Algo así como… una semana.

(Cosa típica de la tele.)

¡Fin molón!

¡¡Hala!!

¡Así mejor!

¡Por fin!

¡Pude vengar a mis dos cabras!

Moraleja:

El que escribe el último…

(el final)

¡¡ríe mejor!!

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Sin-espacio

Había-una-vez,-un-cuentacuentos-digital.

Cuyo-teclado-se-quedo-sin-la-jo…dichosa-tecla-de-la-barra-espaciadora.-Al-menos-aún-tenía-la-(siempre-útil)-tecla-del-intro,-y-la-(no-siempre-tan-útil)-tecla-del-guión.-Vivía-en-una-casa-pequeña,-cual-caja-de-zapatos,-un-lugar-diminuto,-sin-duda.-Un-humilde-pisito-de-40m2,-sin-cocina,-ni-baño,-ni-ventanas,-ni-muebles,-ni-paredes.-Bueno,-paredes-si-tenía-si,-las-4-que-tienen-todas-para-sostener-el-techo.-Y-por-si-fuera-poco,-tenía-su-hogar-lleno-de-cosas,-así-que-no-había-espacio-para-nada.-Pero,-eso-si,-el-poco-espacio-que-quedaba,-estaba-tremendamente-bien-aprovechado.-Aunque-fueran-unas-enormes-montañas-de-basur…-cosas-útiles,-todo-estaba-donde-debía.-Así-se-ahorraba-el-necesitar-muebles,-pues-los-objetos-se-tenían-los-unos-a-los-otros.-Se-necesitaban-mutuamente-tanto-para-apilarse-como-para-no-sentirse-solos.-Y-así,-tanto-el-equilibrio-físico-como-el-psicológico-de-aquel-entorno,-era-más-que-genial.-Era-simple-y-llanamente-perfecto,-hasta-cuotas-casi-envidiables.-El-humano-gustaba-de-recibir-visitas,-así-su-soledad-también-se-disipaba.-Aunque-más-te-valía-no-se-claustrofobico,-si-tenías-intención-de-hacer-una-de-esas-visitas.-Ni-llevar-regalos-de-índole-alguna,-pues-se-convertían-enseguida-en-objetos-invasores.-Allá-estaba-todo-en-armonía,-demasiada-armonía,-ya-no-había-sitio-para-más.-Y-el-espacio-restante-era-para-el-oxigeno,-y-éste,-era-indispensable-para-el-dueño.-Aquellos-pilares-de-cosas,-eran-montones-de-recuerdos,-trabajos-y-cosas-varias.-Eran-una-vida-entera,-apilada-en-cómodas-y-casi-escultóricas-formas-ascendentes.-Algunos-de-los-montones-eran-de-comida,-comúnmente-precocinada.-Estos,-se-vaciaban-al-ser-ingeridos,-casi-a-la-par-que-eran-reabastecidos.-Y-un-día-cualquiera,-un-martes-por-la-noche,-así-de-sopeton-justo-antes-de-irse-a-dormir.

La-maldit…-dichosa-tecla-del-espacio-volvio.

Y           el          espacio             vino               con        el.

Más                                       del                               necesario.

Transgrediendo                                leyes,

de                                          la                        lógica,

de                                 la                                        física.

Su

   piso

                 ahora

                                        era

                                      un

                                                                    universo

de                                           millones

de                                                                              kilómetros.

Al                       no

  estar                                   acostumbrado.

Aquel                            espacio

le                               pudo.

La                          agorafobia

le                               inundo

la                                                   mente.

                          Así                                  que

implosionó.

Pero…

Milagrosamente, no murió.

Se convirtió en un cubo sanguinolento.

Un teseracto de carne.

Un hipercubo de intestinos con cerebro.

Ahora ya tenía, y a la vez no tenía, todo el espacio multidimensional.

Por fin podía disponer en su no-tiempo del no-espacio.

Y todo estaba como el quería, en ninguna parte, y en todos los sitios y épocas.

Al unísono.

Aún matemáticamente imposible, fue feliz por nunca.

Fin

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Pedorro

Había una vez un…

(¿Me esta permitido decirlo? ¿Seguro? Esta bien…)

Había una vez un culo.

Un culo flotante.

Con personalidad propia.

Hijo de un señor váter, de porte distinguido.

Y de una señora maniática de la limpieza.

(Lo que les llevo a estar mucho tiempo juntos, y así surgió el amor)

Era un culo educado.

Limpito y aseado…

Y ludópata.

Si, ludópata he dicho.

Le encantaba el juego.

Cosa que había por doquier.

Dado que vivía en Las Vegas.

Sobre todo le entusiasmaba el Backgamon.

Creo que era por la cosa de tener que agarrar y tirar dos dados.

Lo cual, hacía con bastante soltura.

(Teniendo en cuenta el importante hecho de no tener manos)

Los agarraba entre sus dos mofletes.

Hacía un movimiento de cadera.

Se tiraba un pedete, y los dados volaban.

(A todo el mundo le hacía reír aquello)

Y la suerte caía en la mesa.

Tenía suerte de sobra.

Ganaba siempre, todas las partidas.

Pero, a la gente no le importaba.

(Pues nunca le tomaban  en serio)

El, se partía el culo de la risa con cada victoria.

(Dicho de forma metafórica)

Y cambiaba al siguiente juego aburrido de ganar.

Habitualmente, se pasaba a las cartas, pues también le gustaban mucho.

Pero era mas difíciles de agarrar y sostener.

En esto era ciertamente un tanto más patoso.

Pero la escena era también muy graciosa.

Así que nadie ponía objeción alguna en dejarle jugar.

Aparte, tenía una cara de Poker imbatible.

(Quizás por el hecho de no tener cara)

Pero, no todo era felicidad.

Habían cosas difíciles de entender.

Por ejemplo, el hecho de que, a pesar de carecer de boca.

Se le oía alto y claro.

Incluso estornudar.

Y comía y cagaba cuando nadie le miraba.

(Porque… ejem… solo había un orificio de entrada… y salida)

La gente, simplemente, intentaba no pensar en ello.

Aunque, a veces, también había problemas con las confianzas.

Dado que, no había forma de mirarle a “los ojos”…

Sin acabar, viéndole el culo.

Eso si, contaba unos chistes de pedos buenísimos.

Pero, a pesar de ser tan gracioso.

Le iba un poco mal en las relaciones…

Casi siempre acababan más o menos así:

Culo: -¡¡Sólo me quieres por mi culo!!

Novia (pronto ex-novia): -Pero es que… ¡¡sólo eres un culo!!

Culo: -¡¡Es lo mismo que me dijo mi ex!! ¡¡no quiero volver a verte!!

Lo más extraño es que ellas no le dejaran antes.

Ya que le gustaba mucho que le besaran con lengua.

A pesar de todo.

Era un buen culo.

(Porque no era malvado)

Y era muy mal bebedor.

A nada que bebía, se pillaba unos pedos de espanto.

(y se tiraba unos pedos aún peores)

Con todo esto quiero llegar a…

Bueno…

Ejem…

¡¡A LA MORALEJA!!

Y ÉSTA ES…

EMMM…

¡¡ QUE LOS CULOS MOLAN!!

(Cuentacuentos huye por la ventana valientemente)

(Da una voltereta mortal en el aire)

(Cae en piscina)

(Nada hasta la orilla)

(Sale gateando y se pierde en el horizonte)

FIN

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¡Has dicho vale!

Había una vez, en un pequeño pueblo.

Cerca de una apacible cascada.

En una modesta casa.

Una dulce y tierna niña.

Una que no aceptaba nunca un no por respuesta.

Y si por lo que fuera, le dabas la mano.

Aún ofreciéndotela como saludo.

Tenías que aceptar un trato.

Aunque no supieras cual.

Siempre eran tratos sencillos.

Podía ser, que le tuvieras que dar un caramelo.

Y ella a cambio, te daba un besito en la mejilla.

O quizás tenías que llevarle a su casa una barra de pan.

Y te esperaba allí, con una sonrisa y galletas.

Nunca lo hacía con malicia.

Pues era buena por naturaleza.

Así que difícilmente salía uno perdiendo con ello.

Sin embargo, no era una transacción cómoda de hacer.

Pues, aunque no diera lugar para desconfiar de ella.

No podía uno fiarse de que por siempre así fuera.

Si alguien se caía al suelo, y ella le tendía la mano para ayudarle a levantar.

La gente no podía hacer el feo de no cogerla.

(Ademas en ese pueblo eran demasiado corteses para rechazar una mano abierta)

Así que todo el mundo iba con los guantes puestos.

(Aún en el más caluroso verano)

Porque, por todo el mundo es sabído.

Que un trato ha de cerrarse sólo…

¡A mano descubierta!

Podían así, andar tranquilos.

Aunque ella estuviera cerca.

Con afán de ayudar a incorporarse.

Incluso al más torpe de los aldeanos.

Pero, claro está.

Ella así no tenía modo de conseguir tratos.

Y a ella le encantaba hacerlo.

Y por ello se le ocurrió alguna que otra pequeña travesura.

Todo ello inocentemente.

Empezó pintando los bancos del mismo color del que ya eran.

Cuando la gente se apoyaba en ellos, se manchaban las manos.

Y por lo tanto se quitaban los guantes.

Y allá estaba ella para ayudarles a levantarse del banco.

Sin tener que apoyar las limpias manos sin guantes.

Después paso al pegamento.

Los guantes de la gente se quedaban pegados a cosas comunes.

Barandillas, buzones, vallas…

Y cerca estaba ella de nuevo.

Dispuesta a “ayudar”.

Ella sola había empezado a ser maligna sin darse cuenta.

Y a lograr tratos cada vez más siniestros.

Talar arboles para posteriormente tener leña.

Paseos en coche por el pueblo.

Maquillaje, golosinas.

La avaricia le empezaba a poder.

Y cada vez daba menos a cambio.

Las palabras eran menos dulces.

Los besos menos frecuentes.

Y las galletas no eran para compartir.

Para cuando quiso darse cuenta.

Vivía rodeada de lujos y el pueblo estaba patas arriba.

La gente estaba agotada de hacer tratos.

(O más bien favores sin devolución)

Ocultos en sus casas.

Temerosos de salir a la calle.

Pues podían caer en una nueva trampa/trato.

No se fiaban ni de ellos mismos.

Y cuando parecía que no había forma alguna.

De que la gente pudiera confiar de nuevo en ella.

De que hubiera algún modo de enmendar sus errores…

¡¡Engatuso al mismo dios del tiempo Chronos!!

(yo tampoco se cómo consiguió que se quitara el guante)

Y rebobinó hasta el principio del cuento.

Y…

Había una vez, en un pequeño pueblo.

Cerca de una apacible cascada.

En una modesta casa.

Una dulce y tierna niña.

¡¡QUE ODIABA HACER CUALQUIER CLASE DE TRATO CON LA GENTE!!

Emmmm…

Fin.

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Arre barco, arre.

Había una vez, un libro bastante grande.

Uno que contaba muchas fabulas.

Todas ellas locas y fantasiosas.

Eran muchas páginas, sin ilustraciones.

Ni una, ni tan siquiera en la tapa.

Un día, un hombre poco cuerdo.

Abrió el libro y en vez de leerlo.

Fue arrancando las páginas una a una.

Y haciendo triangulares y simples sombreros con ellas.

Algunos los volteaba nuevamente y se transformaban en barquitos triangulares.

Que, por cierto, flotaban mejor que bien en el estanque del parque.

Un estanque poblado por peces, tortugas, patos, cisnes…

Y embarcaciones de papel.

Embarcaciones tripuladas por peces, tortugas, patos y cines…

También de papel.

Parecía una comunidad animal flotante.

Unas pequeñitas arcas de Noé.

Pero, al poco de flotar cerca de un pato, este se asusto y salio volando.

Y en el aleteo un pez de papel se cayó “por la borda” del barco al agua.

Y no floto, pero tampoco se hundió hasta el fondo.

Permaneció inerte unos momentos.

Hasta que uno de los peces se le acerco, curioseando.

Y cuando lo rozo.

Este comenzó a moverse por si solo, aleteando jovialmente.

Cómo si fuera un pez de verdad.

Ahora era un pez de papel viviente.

Y a los demás peces parecía no importarles el hecho de que estuviera hecho de papel.

Así que se fue a jugar con ellos alegremente.

Imitaba en todo a sus compañeros.

Nadaba sin deshacerse.

Comía miguitas de pan de los viandantes.

Y defecaba papel sin ningún problema.

Y no sé si fue destino o casualidad.

Pero por alguna extraña razón cada animal se acerco a su versión de papel.

Y los tocaron suavemente con su cabezas y hocicos.

Y todos cobraron vida.

Claro está, la papiroflexia de estos animales no daba para hacer nada excepcionalmente enorme.

Así que era como tener una versión en miniatura de todos estos animales.

Correteando, nadando y volando felizmente.

Y juntos, animales de carne y animales de papel.

Pasaron felices las estaciones.

Sin tener que ser nada más.

Que ellos mismos.

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Salud... expansiva

Había una vez una mujer con miedo a estornudar.

Bueno o más bien, por miedo a lo que pasaba cuando estornudaba.

No es que le salieran sendos mocardos, o se le quedara cara de boba.

Ni tampoco que estornudase con fuerza pudiendo importunar a la gente de su alrededor.

Era que, al hacerlo, bueno…

Creaba P.E.M.s…

Si si, creaba Pulsos Electro Magnéticos.

(Y de color visiblemente rosáceo además, por lo que podríamos llamarlo un Pulso Electro “Magentico” más bien…, bueeeeeno, ya me ciño al cueeeeento. Ya ni chistes puede uno hacer…)

Y claro no veas que atascos al ir al trabajo si estornudaba.

O como fastidiaba a todo hijo de vecino en el edificio cuando estaba con las alergias.
Por suerte no era alérgica a muchas cosas.

Tenía sumo cuidado en las finales de fútbol, a sabiendas que su vida podía peligrar con facilidad en caso de estornudar en momentos decisivos de los dichosos partidos.

No recordaba desde cuando podía hacerlo.

Más bien era algo que trajo de nacimiento.

Los médicos se rindieron hace tiempo, pues su organismo era normal.
Y todas las pruebas señalaban que era una humana “igualita al resto”.

“-Todo un misterioso capricho de la naturaleza.”

Fueron las palabras que dijo el último médico que la analizo.

Al menos, estos estornudos eran de baja frecuencia, así pues su rango de acción no era muy alto.

Apenas 500 metrejos de nada.

Y tampoco freía del todo los aparatos, sólo los inutilizaba por un tiempo.

Así que era más de leer libros que de ver la tele, ya que estos no se reseteaban a nada que hiciera algo de frío en su piso, lo cual era muy habitual en invierno por aquellos parajes.

Asunto del cual se encargo el ayuntamiento “amablemente”.

(Con el “amable” dinero de los contribuyentes.)

Al ponerle una buena chimenea de leña y varias estufas de vapor.

(Nada eléctrico)

Para que no pillara catastróficos catarros.

Todo sea por el bien del pueblo.

Hubiera sido más fácil desterrarla, si.

Pero la verdad es que era una chica muy agradable.

Era maja con todo el mundo y muy trabajadora.

Además, quien sabe, quizás podría ser de utilidad esa habilidad suya algún día.

En caso de una guerra robótica por ejemplo.

O una invasión alien o… o…
(¡Ey! ¡¡Esto es un cuento y todo es posible!!)

Bueno, en caso de no necesitar aparatos eléctricos por la razón que fuese, hay la tendrían a ella.

Aunque tampoco era de viajar mucho la verdad.

Por una parte era porque tenía prohibido coger transportes públicos por ley.

(Nuestro querido ayuntamiento una vez más)

Y ya no digamos aviones.

Así pues los trayectos los hacía en su ya algo cascado coche.

(El cual moría un poquito más con cada estornudo)

Y su aún muy saludable bici.

(La cual no daba para irse sobradamente lejos)

Esto no podía tener un buen final en común…

Así que tendrá dos.

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El cuento perdido

Busque durante varios días.

Debajo de la cama, dentro de las ollas de la cocina.

¿Dónde se pueden esconder las palabras en una casa tan pequeña?

Fue mi culpa, por darle libre albedrío a mi cuento, sin pensar en la posibilidad de que las palabras salieran a dar un paseo fuera de la página.
Al principio me hizo gracia pero para cuando quise darme cuenta el folio estaba en blanco era lunes y no tenía nada para subir.

-Tenía que haberlo escrito en el portátil directamente como hago siempre -masculle para mis adentros- bueno que le vamos a hacer, a buscar toca pues.

Busque durante varios días.

Y encontré preposiciones, palabras sueltas poco relevantes, y entonces comprendí que no sólo jugaba al escondite sino que después me esperaba un puzzle.

No sabía si era más rápido “seguir jugando” a aquello ó escribir uno nuevo.

Pero vete a saber que pueden hacer unas palabras “libres” sueltas por ahí.

Así que seguí a ello.

Busque durante varios días.

sí.

lo hice.

Y por fín un sábado por la tarde tenía a todo el elenco dentro de una caja.

Puse desordenadamente las palabras en el portátil y según las “insertaba” (mediante la útil técnica de espachurrarlas contra la pantalla, hasta que estas accedían al interior del componente electrónico, aunque bajo coacción) una vez dentro, iban colocándose en su correspondiente lugar, pues una vez presas en papel digital eran obedientes.

Pero me habían jorobado el segundo juego, el de ordenarlas debidamente.

Sin embargo pasó lo impensable.

Una de las frases se rebotó, se resistió al sistema, se volvió “anarkista”.

Y en un último esfuerzo, antes de ser subido el cuento a la red.

Estas ultimas palabras, sólo para poder ser diferentes del resto, se pusieron en cursiva y se repitieron estratégicamente por el texto.

Como, si de una frase “no-humana” se tratase.
Libres para hacer su dicha una vez más, aunque sería la última.

Y después de ese último acto, quedo presa por fín en la red de redes.

Por fín tenía el cuento, el cual pase una semana buscando.

Uno que…

Busque durante varios días.

Y me pareció tan noble aquel esfuerzo, que lo dejé tal cual.
Mi propio cuento había dejado su miguita en su misma existencia.

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Un señor de barba blanca...

Hoy tengo el privilegio, de tener aquí conmigo a un espíritu libre.

¡¡Un fuerte aplauso para mi amigo Terry!!
(aplausos y bengalas, mientras muchedumbres enloquecidas lloran de la emoción)
-Hola Terry.

-Hola Mr. Z.

-Cuéntanos ¿que se siente al ser un espíritu?

-Bueno, es como ser una nube gorda y borracha que hubiera olvidado volar; imaginate, estas en tu cama un jueves cualquiera y de repente… ¡zas! Te ves flotando en la estratosfera, sin cuerpo ni cervezas.

-Todo un trauma ciertamente.

-No seria el peor que he sufrido si te digo la verdad.

-Terry… ¿querrás hacer los honores y contar tu el cuento de hoy?

-Jummmm, no se no se…

-Venga, hazlo por tus fans, porfiplissss.

-Esta bien…, ¡pero la semana que viene no te escaqueas eh!

-Hecho.
   Erase una vez.
   Una tortuga gigante llamada A’tu…
(Terry Terry cuidado con el copyright!!!)
Oh… es verdad, que ya no tengo cuerpo…
Emmm…
   Erase una vez.
   Un ser lamado Chubb.
   Y el era… emmm…
   ¡¡UN ATUN volador!!
   No planeaba por encima del agua, no, volaba por los cielos. Pero de cuando en cuando se zambullía para poder respirar, pues seguía siendo un pez. Aunque muy raro. Pero no raro como si fuera un caballo de 4 ojos, o una cebra a rayas difuminadas. Era raro de forma de ser.
   Casi que era un poco friki y todo, y sus amigos no se quedaban cortos.
   Carl, una gaviota antipática y macarra que se empeñaba en querer volar siempre cabeza abajo; Scrot, un cangrejo casado, mujeriego y fumador empedernido, de pinzas afiladas y muy mala leche; y una botella de cristal con un mensaje dentro y una carita sonriente dibujada en el vidrio al que todos llamaban Charlie (era el ligon del grupo).
   Juntos gustaban de joribiar a los humanos en los puertos.
   Así mataban el tiempo, y de cuando en cuando conseguían comida humana, esta, al contrario que la del agua, solía estar caliente y grasosa. Y no siempre estaba salada.
   La pena es que era una lata el hecho de que no pudieran jugar por separado en el mismo sitio, dado que Scrot no sabia volar, y Charlie era mas bien malillo buceando.
   Así que crearon una cabaña mitad submarino mitad helicóptero para alternar entre agua y cielo y así poder jugar en ella. Aunque no fue cosa fácil, ya que tuvieron que mangonear lo indecible a los humanos y trabajar a destajo. ¡Pero la hicieron que es lo que cuenta jope!
   Aunque el dibujo de los planos no se ajustaba demasiado al resultado final, dado que los colores y la forma eran diferentes a las ideadas y no tenían mesa de billar ni horno atómico, ni metralletas lanza cacas, pero era unos detalles insignificante comparado con lo que habían ganado al construirlo. Y quizás ya añadirían lo que faltaba mas adelante.
   Y allá pasaban las noches mientras por el día se iban al puerto a hacerle la vida aun mas difícil a los marineros. Hasta que un día ocurrió lo impensable.
   Charlie acabo enganchado a las drog…
-Bueno bueno… ¡¡pero que cuento mas bonito y que final mas superfeliz!!
-Si aun no he acabado, ahora es cuando después de una noche loca descubren que han pillado una enfermedad chunga con las strep…
-Gracias por el cuento Terry, en serio, de lo mejorcito que ha pasado la pagina. ¿Te podremos ver mas adelante?
-Si no subo para arriba supongo que si.
-Pues la siguiente vez sera… ¡¡mas y mejor!! sabes que siempre seras bienvenido aquí colega.
-Gracias.
(abrazo de despedida muy emotivo el publico puchera a mares)
-Hasta la próxima pues Terry.
-Hasta la próxima Mr. Z.

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